El Maki del gnomo de dos metros

El otro día me vino a la cabeza un gnomo con el que compartí muchos momentos. Él es un gnomo de casi dos metros ni más ni menos y muy aficionado a la cocina. La vida en esa montaña fue de todo menos pacífica y de todo menos una dieta.
Nuestra afición era pasárnoslo bien ante todo y lo que mejor nos lo hacía pasar era comer. Pero claro, en la montaña no existen locales de comida preparada. Es más, ni te la traen a casa. Es por eso que cocinamos la mayoría del tiempo. De entre todas las recetas que aprendí de él, hay una que recuerdo con mucho cariño: el maki. Sé que es extraño viniendo de una sepia como yo… pero la sepia no se come cruda 😉
Os voy a enseñar lo fácil que es. Siempre me decía: sigue las medidas, y no hablo del 90-60-90.

Ingredientes (para 4 personas)
Arroz (4 tacitas de café)

Agua (5 tacitas de café)Vinagre de arroz (8 cucharadas soperas)

Azúcar (4 cucharadas soperas)

Atún fresco (o salmón, o lo que os apetezca)

4 láminas de alga nori

 

Preparación
Limpiamos el arroz con agua. Yo lo hago con un colador que quepa en la olla. Ponemos el colador dentro de la olla y le echamos agua hasta cubrirlo. Lo limpiamos dentro del agua y veremos que el agua queda blanca: estamos quitándole el almidón. Tiramos el agua y volvemos a llenar la olla. Este proceso lo seguiremos haciendo hasta que el agua salga transparente. Normalmente son 4 o 5 veces.

Imatge
Una vez limpio, lo ponemos en la olla y lo hervimos a fuego medio-alto con el agua.
Cuando hierva, bajamos el fuego al mínimo y lo tapamos. Ahora lo dejamos unos 25 minutos. Siempre recomiendo ir mirando que no se pegue la parte de abajo, pero lo tocamos lo mínimo.
Una vez pasado ese tiempo dejamos 10 minutos más tapado y fuera ya del fuego.

Imatge
Ahora ya pasamos a secarlo y a buscar esa textura que tan rica está en boca. En la misma olla le tiramos el vinagre de arroz y el azúcar y vamos mezclando y enfriando. Podemos utilizar un abanico o un paipái, que siempre es más oriental 😛 Id con mucho cuidado y cariño, ya que si no lo hacemos así, el arroz se podría romper…
Una vez lo tenemos a temperatura ambiente, podemos pasar a hacer los makis.
Necesitaremos una esterilla, dónde colocaremos el alga estirada. Encima colocamos una capa de arroz que nos cubra unos ¾ del alga y en medio de ese arroz una tira del pescado elegido, en este caso el atún. Empezamos a enrollar con la ayuda de la esterilla.

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Hay que mantener firme el pulso para que quede prensado y no suelto. Cuando ya hayamos enrollado el arroz y quede ese ¼ de alga dónde no hay arroz es el momento de introducir hacia dentro la parte que tengamos en las manos y mojar la parte sobrante (el otro lado del alga) y acabar de hacer el rollo. El agua nos servirá para enganchar alga con alga.

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Esos rollos los cortaremos a la medida que queramos. Yo lo que hago es partirlo en 8 makis, ya que empiezo cortando por la mitad y ese mitad por la mitad hasta una tercera vez. Veréis que en el cuchillo se nos va enganchando el arroz debido a que está pegajoso. El truco también está en el agua: si lo vamos mojando nos ayudará a que el arroz no se nos pegue.

Imatge

Servimos acompañado con soja y wasabi.

 

maki
Si seguís las instrucciones de mi maestro gnomo, os saldrá un maki bien rico, ya veréis. Cada vez que lo cocino, me vienen esas imágenes de las montañas. La comida son recuerdos. Como una foto. Como un video. Como un olor. Como maki. ¡Saludos!

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Acerca de Profesor Sepiaguettis

Buenas, soy el Profesor Sepiaguettis. Hijo de una albóndiga macho súper tierna y de una sepia salvaje, nací un día de febrero enfrente del monumento de Colón de Barcelona. Mi madre se perdió cerca de la orilla y mi padre se acercó a ayudarla. Ahí empezó un amor aparentemente imposible y prohibido pero que funcionó a la perfección. Mar y montaña se unían y establecían una nueva unión muy extendida en Catalunya. Desde que me di cuenta de lo que se aportaban los ingredientes de diferentes ámbitos me dediqué a hacer de “Celestina” para ellos: juntar al pollo con la cigala o el cerdo con el mejillón son grandes logros, pero aún me quedan muchos por hacer. Por aquí os iré contando. Una cita: “Nunca renunciéis a los amores imposibles” – Señora Roz de Marymontaña

Publicado el 9 mayo, 2014 en En los fogones, Recetas y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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