La Torre de Pisa.

Las verduras y yo nos hemos ido haciendo amigos cada vez más. Al principio no las podía soportar (ni ellas a mi supongo) pero esto ha cambiado totalmente. Y entre todas ellas, tengo una debilidad: ¡la berenjena! Y hoy es esa verdura tan especial la que va a ser la protagonista de mi receta de hoy.

Normalmente cuando vienen amigos o familia a casa, me gusta hacer un poco de picoteo y no un plato o dos principales, así aprovecho y pruebo cosas nuevas y, por otra parte, puedo tenerlo todo preparado y rematar algunas cosillas en el último momento. Esta receta es una de esos “platillos”: la torre de Pisa.

Imatge

Ingredientes (para 4 personas)
4 berenjenas bien majas
1 ramita de apio
Mozzarela
Parmesano
8-10 tomates
3 cebollas
Sal, pimienta
Orégano, albahaca

Modo de elaboración
Para empezar preparamos las berenjenas: las cortamos a rodajas de aproximadamente 1 cm sin quitarles la piel. Las salamos y las dejamos mientras vamos pochando la cebolla junto con el apio.
Cuando esté pochada la cebolla y la verdura, añadimos el tomate que previamente habremos rallado. Añadimos azúcar para corregir la acidez y también sal y pimienta. Un toque de soja no le irá mal.
Vamos cocinando el tomate hasta que tenga el aspecto de una salsa de tomate más bien espesa. Reservamos.
Es el turno de las berenjenas. Escurrimos el agua que hayan dejado y las pasamos por harina para luego freirlas. Una vez fritas, las vamos reservando extendidas sobre papel de cocina para que dejen el exceso de aceite. Es un buen rato, paciencia.
Una vez estén hechas las berenjenas, es el momento de montar.
Vamos haciendo capas de berenjena, salsa y mozzarela. Coronamos nuestra torre con queso y gratinamos. Siempre podemos dejarlas sin gratinar y en el último momento lo rematamos.
Bon appétit!

Imatge

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Acerca de Profesor Sepiaguettis

Buenas, soy el Profesor Sepiaguettis. Hijo de una albóndiga macho súper tierna y de una sepia salvaje, nací un día de febrero enfrente del monumento de Colón de Barcelona. Mi madre se perdió cerca de la orilla y mi padre se acercó a ayudarla. Ahí empezó un amor aparentemente imposible y prohibido pero que funcionó a la perfección. Mar y montaña se unían y establecían una nueva unión muy extendida en Catalunya. Desde que me di cuenta de lo que se aportaban los ingredientes de diferentes ámbitos me dediqué a hacer de “Celestina” para ellos: juntar al pollo con la cigala o el cerdo con el mejillón son grandes logros, pero aún me quedan muchos por hacer. Por aquí os iré contando. Una cita: “Nunca renunciéis a los amores imposibles” – Señora Roz de Marymontaña

Publicado el 25 abril, 2014 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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