Cómo poner correctamente la mesa

¿Vienen tus familiares a comer a casa en Navidad?, ¿has invitado al jefe y a su esposa a cenar? ¿organizas una fiesta para tus amigos? ¿le prepararás la cena a esa chica que quieres impresionar? ¡No te agobies, es muy sencillo! Aquí van unas pautas básicas de cómo poner adecuadamente la mesa para quedar como un perfecto anfitrión delante de tus invitados.

                                                                               

La regla principal a la hora de montar la mesa es la armonía, no es lo mismo preparar la mesa para una cena formal que para una comida al aire libre, tanto el mantel como los adornos tienen que armonizar con el entorno.

                                                                                

Lo primero que debemos elegir y colocar será el mantel, para una cena de gala deberemos optar por un mantel clásico en color blanco o crudo y para cenas más desenfadadas podemos jugar con colores y texturas, colocando manteles individuales o caminos de mesa.

                       

Después va el turno de la vajilla, en primer lugar colocaremos el bajoplato para marcar las posiciones de los comensales, siempre situándolo al borde de la mesa o como mucho a un centímetro de la misma. El bajoplato no tiene por qué ser ni del mismo material ni del mismo color de la vajilla y no se retirará en ningún momento, ya que su función es hacer de base y que no se vea el mantel entre plato y plato. Sobre el bajoplato colocaremos los platos que vayamos a utilizar (plato hondo, plato de entremés, taza de consomé…). Recuerda, ¡nunca pongas un plato hondo directamente sobre el mantel!. El plato del pan se coloca a la izquierda del bajoplato. Un plato que se usa muy pocas veces pero que es muy original y práctico es el de  media luna, el cuál se sitúa a la izquierda del plato llano y se emplea para servir la ensalada y evitar que el aliño se mezcle con el plato principal.

               

La colocación de la cubertería es muy sencilla, cada cubierto se coloca según el orden en el que va a ser utilizado, de “fuera hacia adentro”, los tenedores a la izquierda y los cuchillos(con el filo apuntando siempre al plato)  y cucharas a la derecha. Los cubiertos de postre deberán situarse en paralelo entre el plato y las copas, el tenedor con el mango hacia la izquierda y la cuchara hacia la derecha. Otra opción sería colocar solamente los cubiertos de los entrantes e ir colocando los cubiertos necesarios según vayan saliendo los platos.

                                                                                 

La cristalería, las copas deben de ser de un material transparente y liso para poder apreciar mejor las cualidades del vino. Se colocan frente al plato, centradas y hacia la derecha  en el orden en el que se van a consumir, independientemente del tamaño de las mismas, primero se coloca la del agua, a continuación la del vino tinto y luego la del blanco.

                    

Las servilletas, siempre optar por servilletas de tela, dejemos las de papel para picoteos informales, esta deberá combinar en color y tejido con el mantel. Colocarla doblada bien en forma rectangular o triangular, sin muchas dobleces ni haciendo figuritas artísticas, costumbre muy poco higiénica ya que esto requiere mucha manipulación.

                                       

Si alguno de tus invitados es fumador y permites que fumen en tu casa, los ceniceros deberán colocarse en la mesa una vez se hayan terminado los postres, ya que si los colocamos antes estamos incitando a los fumadores a encender un cigarrillo entre plato y plato y esto podría molestar al resto de comensales.

Elementos decorativos, los más comunes son las flores, procurar elegir flores frescas de colores acordes a la mantelería y vajilla, también podemos hacer centros de frutas frescas, poner velas o candelabros, pero siempre procurar no saturar la mesa de elementos que puedan convertirse en un estorbo para los comensales.

                                                                   

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Acerca de Oveja Dolly

Allá por el año 1984 nació una hermosa criatura fruto del amor entre un carnero y un humano. Dolly, que así es como se llamaba, pasó felizmente su niñez correteando por las extensas praderas asturianas, alimentándose en sus verdes campos, hasta que un día se escapó y salió a conocer mundo. En sus viajes, se dio cuenta de que no solo la hierba era comestible, se dejó aconsejar por los lugareños y así descubrió un sinfín de nuevos sabores. Poco a poco la ovejita se convirtió en toda una experta en gastronomía dispuesta a mostraros todos sus descubrimientos.

Publicado el 28 febrero, 2014 en En la mesa y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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